Hay ocasiones en cuales la vida nos brinda maravillosas experiencias que terminan trasciendo en nuestro ser sin mayores repercusiones para nuestra naturaleza y semblanza, sin embargo hay otras en que la vida lo hace de la manera más cruda imaginable por el hombre. En ocasiones la vida hace pasar al hombre por terribles penas y tristezas que irremediablemente acaban por cambiar su forma de desenvolverse, pensar y por supuesto, su forma de ver la vida.
Inicio con estas palabras, pues deseo relatarles algo que sucedió algunos años con respecto a una familia. No tengo ningún propósito en particular que me motive a hacerlo, solo deseo que narrarles de que manera fue que pude apreciar como la vida puede abatirnos por nuestras acciones en la tierra en perjuicio o en beneficio de nuestros allegados, extraños o para la sociedad que los abarca.
Hace un lustro un señor cayó en estado comatoso a consecuencia de la complicación de un derrame cerebral. Este señor, un médico ilustre con más de 35 años de experiencia práctica en su área de especialidad, nunca se imaginó que se le acercaría el fantasma de la muerte a tan temprana edad (aún no cumplía los 60 años de edad) y naturalmente, como muchos hombres en su condición, no había dejado sus “papeles” en orden.
Este señor tenía 7 hijos, los primeros 4 de un primer matrimonio, todos mayores de edad alcanzando casi todos la mediana edad (35-40 años) y usufructuarios de una vida económicamente plena en el extranjero; y 3 hijos menores de edad, el primero de un segundo matrimonio y dos últimos de un tercer matrimonio aún vigente en aquella época.
Aquel señor sin embargo no cayó en las garras de la muerte inmediatamente, pues a los 20 días de caer en estado comatoso se recuperó gracias a la tecnología médica contemporánea y al esfuerzo sobrehumano de los empleados de todo una clínica que velaban por él. Del extranjero salió convaleciente hacia su país para reencontrarse con sus hijos, su mayor deseo en cama y la motivación que prácticamente le devolvió la vida según sus propias palabras.
Esa nueva oportunidad que le dio la vida le hizo reflexionar acerca de la muerte y el futuro de sus jóvenes vástagos. Sacó sus propias conclusiones y se dirigió rápidamente hacia un abogado para que le confeccionara un testamento que garantizara una vida justa para sus hijos más jóvenes, considerando necesidades tales como la educación superior y una relativa estabilidad económica hasta que hallaran sus propios destinos.
El abogado le confeccionó un testamento dejando a favor de sus hijos mayores unos cuantos bienes inmobiliarios y a favor de su esposa e hijos menores, su hogar, parte de sus bienes inmobiliarios, certificados bancarios e inversiones varias. El documento estaba casi listo, solo le restaba una legalización de varias que requiere el estado local para su sellar su validez como testamento al fin, pero inesperadamente este señor murió.
La pena para su familia fue enorme. Sus hijos más jóvenes quedaron abrumados, pues nunca se imaginaron que en un día cualquiera los iban a sacar de sus clases para notificarles de la muerte de su padre. Su último hijo, el más joven, no derramó lágrima alguna.
Para las ceremonias fúnebres de velatorio y entierro, tres de sus hijos llegaron del extranjero y junto a otros familiares y amigos que eran bastante allegados a su persona por un trato constante.
Los tres hijos mayores, ya padres y madres, compartieron con la viuda del tercer matrimonio y sus dos hijos más jóvenes la pena de la muerte de su patriarca, mas lo hicieron brevemente o solo pretendieron hacerlo, pues a solo 3 días del entierro de su padre, estos buscaron asesoría legal para representarles en un posible juicio de repartición de bienes.
A los 9 días del fallecimiento del señor salió a relucir a la luz de sus hijos y viuda un testamento y una carta de petición a sus hijos mayores. Al testamento aún le restaba un sello de una instancia pública para estar en virtud a las leyes locales y la carta de petición, como podrán imaginarse, suplicaba a los hijos mayores del señor fallecido respetar su voluntad en pos de sus 3 hijos menores y de viuda con la que compartió los últimos 20 años de su vida.
A pesar de las súplicas de la viuda y de la desesperación de sus hijos menores, los hijos mayores no cedieron y procedieron a revocar el testamento. En una reunión en el extranjero, ellos (los tres hermanos mayores) determinaron que los bienes heredados por la viuda y sus hijos más jóvenes eran justos y satisfactorios para ellos vivir cómodamente y que no “había razón alguna” para respetar la voluntad y suplicas de su padre.
La repartición de bienes sucedió sin mayores inconvenientes. Se procedió con una repartición de herencia según lo estipulado por las leyes locales y cada cual se llevó el pedazo del pastel que deseaban. Afortunadamente y por una coyuntura local favorable la viuda y sus hijos no sintieron prácticamente el efecto económico de la pérdida de los bienes testados. Estos últimos aún viven gozosos de estabilidad y sobretodo salud.
Los hijos mayores y precisamente los tres que se reunieron en el exterior para refutar la decisión de su padre y el derecho de sus jóvenes hermanos a vivir una vida más plena en ausencia de su padre, experimentaron por cosas que nunca se hubiesen imaginado el destino les depararía.
El mayor de los hijos se vió en una batalla legal con su esposa por sus dos hijos. El divorcio no le vino bien y perdió cientos de miles de dólares en el proceso. Su vida amorosa continuó después de su divorcio, encontró a una mujer dispuesta a ser su compañera , sin embargo esta última lo denunció por un abuso físico que nunca sucedió con el fin de desfalcarlo. Era una oportunista. En medio de la depresión por la batalla legal con su reciente conyugue, él se embriagó y condujo su auto en ese estado a pesar del riesgo criminal que significaba para él por antiguos encontronazos por problemas de conducción vehicular. Por supuesto, la policía lo halló y le espera una sentencia de aproximadamente 6 meses en prisión por la infracción. En cuanto a la batalla contra su ex novia, él inconscientemente y gracias a la influencia del alcohol había roto una orden de restricción a favor de su ex conyugue. La sentencia: 8 meses. Hace una semana y por un incumplimiento de pago bajo su estadía en la prisión, perdió una casa valorada en medio millón de dólares.
El mayor de los hermanos era cofundador de un negocio que generaba más de un millón de dólares cada año y hoy está en la cárcel cumpliendo pena por un desliz de una única noche y por estar mal acompañado.
La mayor de las hijas del señor, cayó en la depresión por la separación de su conyugue y se enemisto y aisló de sus demás hermanos en el extranjero. Se olvidó de la crianza de sus hijos y descuidó su trabajo. También adquirió enormes deudas por el orden de cientos de miles de dólares. Sin embargo, no había tocado fondo aún. Desafortunadamente hace 8 meses ella sufrió un derrame cerebral masivo y para su desgracia sus hijos la ignoraron por 3 días confundiendo su crítico estado patológico con una de sus borracheras habituales. Afortunadamente sobrevivió, pero perdió sus capacidades de lingüísticas y gran parte de sus capacidades motrices. Al día de hoy está recibiendo terapias intensivas para recuperar parte de sus habilidades perdidas y su habla se limita a la palabra “donde”. A sus 41 años de edad ella está condenada a una vida de silencio y discapacidad.
La tercera hija en edad, arquitecta del plan para revocar la voluntad y testamento de su padre, ha tenido que cargar con los problemas de sus dos primeros hermanos y gran parte de sus respectivas deudas. Ella ha expresado un enorme pesar por haber hecho lo que hizo en perjurio de sus propios hermanos y de la esposa que acompañó a su padre durante 20 años hasta la hora de su muerte.
Los dos hijos menores del fallecido hoy son universitarios y viven una vida plena de éxitos, satisfactoria situación económica y sobretodo salud. El menor de los hijos se perfila como un hombre exitoso y se prepara para embarcarse al extranjero para continuar sus estudios en prestigiosas universidades. Se empeña por cumplir el sueño de su padre y por sobresalir en la sociedad para el beneficio de su familia.
Cosas de la vida…hace solo unos años estos tres hermanos mayores tenían una vida estable y como dije, satisfactoria en el extranjero. Ellos no tenían necesidad alguna para prestarse a irrespetar la voluntad de su padre en perjurio de sus inocentes hermanos. No tenían justificación alguna para hacerlo, pero lo hicieron y solo para tener una única satisfacción: Haber ganado una batalla contra su padre por primera vez en sus vidas.
Hay cosas que suceden independientemente a nuestro accionar en la tierra, cosas que pueden ser terribles o maravillosas, pero que al fin de cuentas sí se relacionan con todo lo que hacemos en nuestra vida en beneficio o en perjuicio de otros individuos y de la sociedad que los abarca. Estas cosas suceden por unas confusas leyes de vida que debemos acoger como los axiomas lógicos en las matemáticas, pues solo de esta manera se pueden evitar terribles desenlaces.