Reflexión: Eterna debilidad del “ser humano”.

La naturaleza del ser humano es deprimente en muchos sentidos. Evidenciar cual frágil es la vida es algo sumamente desolador e incomprensible.
Personalmente no termino de comprender el proceder de ciertas cosas en la vida y todo lo que implican para una sociedad organizada y sus individuos ya desde una perspectiva más especifica. Ahora, no creo que esto sea por simple inmadurez mía, pues lo único que, según mi percepción, me termina desviando de la concepción generalizada es que tiendo a sobrevalorar al ser humano.
El hombre es un ser vivo. Esta realidad desde el punto de vista humano no es acogida con beneplácito, pues concebir que, este en su compleja forma de existir, sea solo otra expresión de la longevidad propia de la vida, resulta algo extremadamente pavoroso. Somos muy orgullosos de nuestra condición de “seres superiores” y asumimos que por dicha razón de alguna manera nos estamos librando de ciertos limitantes que poseen los seres vivos en términos generales.
La verdad es cruda, pero es universal y unidimensional: somos plasma, células y nada más. Estamos sujetos a una inminente muerte por cansancio corpóreo que provocan la interrupción de los procesos fisiológicos que ejecutan nuestros cuerpos para mantenernos en sintonía con la realidad. A veces los hombres tratamos de evitar esta realidad creándonos fantasías, primordialmente en base a teorías mágico-religiosas, sin un sustento conceptual o simplemente ficticios.
Confieso que no me gustaría morir en un mundo donde la condición humana sea tan frágil y por ello quisiera llegar a vivir hasta los años 2030 cuando se dice que podrán transferir la mente humana a una computadora. Al menos mi conciencia se mantendría en la tierra y no se esfumarían como históricamente ha sucedido.
Mi valor más preciado, diría yo, es mi conciencia. Esta define todo lo que soy y me confiere un sentido en este vasto universo de materia. Por esto creo que nace mi insistencia de permanecer en la tierra y negar mi condición como ser vivo. Mis sentimientos, en gran parte no me importan, pero sí mi noción de existencia.
Tengo la convicción de que comparto este sentimiento con millones y quizás con miles de millones de personas. No quiero morir, quiero vivir y con esto significo que si un dia muero por una condición u otra deseo ser congelado para que se preserve eternamente mi condición de vivo otorgándome una posibilidad de vida en un futuro lejano.

Bueno una forma de pensar muy profunda, pero somos una sociedad en pleno desarrolo dia a dia.
¿Vivir para qué? Esa es la cuestión clave. No me interesa la longevidad ni, mucho menos, la eternidad. Me basta con lo que me sea dado vivir hasta que se desbarate la máquina. Ya me estoy encargando de que algo de mí quede aquí tras mi muerte.
¿Lo demás?: Sueños, fantasías. En el fondo, complejos de inadaptados.
Saludos.
El ser humano ha sido, y será siempre un inadapatado,
no se adaptó como lo hacen los animales, y es asi como
adpata la realidad a su antojo, la transforma y construye.
Es la pura racionalidad lo que genera el sin-sentido,
el absurdo de la muerte. Por suerte el ser humano no es
solo racionalidad.